Rabia y teatro.

Angélica Liddell
viene precedida por una trayectoria cuando menos convulsa, impactante. Que menos que darse uno la ocasión de verla, esta se ha presentado de la mano del CDN. Perro muerto en tintorería: Los fuertes, en cartel actualmente y, El año de Ricardo, próximamente, estas son las dos obras que esta temporada ha programado la institución.

El resultado no puede ser más mezquino, ella, moralizante, personalísima, irreverente... incomprensible, antepone su rabia a lo teatral. Una trama, en fin, apocalíptica mínimamente hilvanada, interrumpida y rota, sin forma. Tres horas, en suma, perdidas, irrecuperables.

Cuestiona, sí, el papel del actor, el "puto" actor; la relación entre arte y poder; al público, "los tibios"; el límite entre la verdad y la escena, en muchos casos agrede, con qué fin, comunicar, mostrar, hacer entender; está bien, pero, lo hace para-sí, no tanto para el público (al que le guste o no se debe, sino, tiene la calle), y lo hace de manera panfletaria, con maneras sectarias, esquizofrénicas, demagógicas. Se desnuda, sí, muere en el escenario, es cierto. Pone en entredicho el teatro como entretenimiento, el teatro como verdad, como exaltación de la vida, de la justicia, el teatro como denuncia, -malsana-, adoctrina; y sí, me ha hecho sentir mal, uno, porque en parte puedo compartir el parecer de la autora, dos, por no haberme levantado e ido, me di sin embargo el gusto de no aplaudir. Me quedan dos cosas de Perro muerto, asco y una confesión, un fragmento de su diario personal en el que referencia un fragmento del Apocalipsis, que a su vez Kierkegaard hizo leer en su entierro y que forma parte de una especie de manifiesto al que aferrarse:

Conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, porque eres tibio y no eres ni caliente ni frío voy a vomitarte de mi boca.

A la pregunta de Liddell respondo: Sí, este hijo de puta tiene ganas de matarte... Que digo matarte, te morirás, y lo harás de pena... como todos nosotros, los "tibios".

Verdad. Sí. La busco. No a una persona trastornada que vomita su mierda sobre mí. Por favor, tu pena y tu mierda te las puedes guardar.