Nunca pensé que pudiera presentarse una circunstancia como esta, ¡una colaboración! Ícaro nos envía la crónica de Play Strindberg en el Teatro Abadía, que a pesar de no haber visto (precisamente por eso), y por el tono que no creo hubiera podido aplicar, quiero compartir:

Tostón, qué es un tostón. Un tostón es la representación del Teatro Abadía, Play Strindberg.

Me siento mal, parece que esté cometiendo perjurio. No es posible que en una misma frase se vean involucrados José Luis Gómez y su(mi) Abadía y el calificativo Tostón, pero de verás la cáustica del texto no es suficiente como para mantener una representación que dura cerca de una hora y media y que en el original son cerca de cuatro horas. Buena muestra es la sucesión de asaltos finales en los que uno llega a pensar que realmente tienen prisa por terminar.

Sí, queda claro. El matrimonio, infeliz matrimonio, se odia. Queda claro, pero y después, qué hay después de la convivencia insana y enferma. Está bien, hay mucho de dominación, el único gesto cariñosa de ella, Alice, para con él, Edgar, es el momento en que él se encuentra impedido, inválido; de lo que creen que fueron y de lo que hubieran sido, cargando las culpas al otro a la vista de lo que hay; y un único punto en común, una leve tregua, hábito del que Alice participa y al que el militar aspira.

El arranque de la obra resulta tan realista que creía estar viendo a mis abuelos, que en paz descansen. Conversaciones, que digo conversaciones, entradas, lances, frases huecas que, en efecto, muestran que no hay nada que decir después de 25 años, que el único disfrute que queda es llevar la contraria al otro, eso y matarlo de hambre, “porque yo soy más fuerte que tú”; compartir las miserias. Este hecho solo se verá interrumpido por las ausencias de Edgar, el de las canillas enfundadas en botas de montar, y la aparición del primo de Alice, Kurt, contrapunto ilusorio del hombre viajado, cuál será nuestra sorpresa.

Y dicen que esta fue la producción más aclamada de la temporada anterior. Qué podía esperar en tal caso sino tocar el cielo. Es verdad, quizá quiero ver otra energía en el escenario, otro asunto y no a mis ancianos abuelos, gran ejercicio actoral... Gran teatro, sí, del que no me alcanza, del que no me toca.

Por cierto, me pone muy nervioso que finjan repartir una baraja de cartas o comer una pata de cordero. Que se firme un cheque imaginario con un bolígrafo, uno de verdad, lo siento, estamos en un sitio o no lo estamos pero no estamos en ambos a un tiempo.

Sí, hubiera querido ver al Dürrenmatt del “Proceso por la sombra de un burro”, pero no, no era el día, ni el lugar... Ni la obra. Sí, la culpa es mía. Lo siento Sra.Espert, Sr. Bosch, Sr.Gómez. Mis respetos.
Afectuosamente.
Ícaro.
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