Un hombre que se ahoga, de Veronese
El CDN nos trae nuevamente a Veronese. Tuve ocasión de verle la pasada campaña con su "Mujeres soñaron caballos" que me dejó en la butaca incómodo e interesado, vamos, picado por la curiosidad y, no fue sino el pasado fin de semana que era capaz de entender y aprehenderla propuesta de Veronese. El suyo es un Teatro de lo Grotesco, -sin acritud sea dicho-, más extravagante que ridículo; Grueso. Vivaz e intenso. La creación, versión o adaptación, dígase como se quiere del clásico de Chéjov resultaba prometedora. La contención de Chéjov y el nervio, el ímpetu de Veronese, así como el plantel de actores, cuando menos resultaban dignos de interés.
El resultado sin embargo es desigual, y lo es por dos motivos, uno, el hilo argumental y, dos, los elementos técnicos. Vaya por delante el trabajo actoral, verdadero, extremo en algunos casos y lindando la extravagancia; reacciones infantiles, inesperadas, en hitos dramáticos que descolocan un tanto al espectador.
La puesta en escena y el conjunto de la obra únicamente permite atisbar un puñado de perlas, de escenas, de gran valor por si solas pero de difícil comprensión dentro de un todo. Por establecer un símil se me antoja un racimo de uvas, -por qué-, no encuentro solución de continuidad entre unas y otras escenas, el barullo en algunos casos y la falta de conexión en otros, me hacen admirar los pequeños trabajos y no tanto el todo, como decía. Obvio algún problema “de genero” que por momentos se colaba en el diálogo.
La puesta en escena, mínima, pone toda la atención en la palabra, en lo que está ocurriendo, sin embargo determinados elementos técnicos no ayudan a establecer una definición de los personajes. La relación emocional tiende a un exceso, a un cogerse, a un empujarse, a un no distinguir, y choca. Los personajes se erigen desdibujados ante las razones de unos y otros personajes con cierta ceguera, con cierta incertidumbre, lo que diluye el resultado. Es una abstracción de la que se levantan rasgos del personaje, destellos.
En suma, la puesta en escena puede resultar confusa y perder al espectador, una propuesta escénica me parece válida siempre y cuando respete una comprensión, una verdad. La propuesta ha de ser clara, mantener un ritmo.
El resultado es una asfixia, un ahogo, una bola en la boca del estómago. Quiero pensar que Veronese parte de una muy personal manera de entender el teatro, dejando a un lado supuestos técnicos, para, de manera poco convencional, dar voz a la emoción, una sin freno, sin contención, sin forma a veces.
