Mujeres soñaron caballos de Daniel Veronese
O El fragor del golpe.
Hará unos años, cinco, pude ver en Cuarta Pared una obra titulada ‘La escala humana’, obra, compañía y asunto argentinos que me recordaban en cierta medida a la de Veronese; la vestimenta, el discurso, la pose, el clima, las manos... incluso la disposición del escenario, una mesa de comedor, me trajeron el recuerdo de esta obra, con la que comparte, a mi modo de ver, muchos puntos en común.
‘La escala’ siendo un ejercicio intenso, dramático, mantenía un equilibrio, mantenía una verosimilitud. Verosimilitud a la que aspira ‘Mujeres’ que, sin embargo, sucumbe ante el fragor del golpe. Que el ruido viene motivado de la tensión, que el texto y su propósito son atropellados y esquivos.
‘Mujeres’ quiere ser más, el pretendido guión extracta el que es el propósito de la obra. La escena descrita por Ulrika, Blanca Portillo, pone un contrapunto brutal e ideal a las escenas que se sucederán. Es este contrapunto, poético, brillante, el punto de partida para sumergirnos en, sí, las miserias de seis personajes desquiciados, sensibles, animales, impredecibles. Es a continuación que el texto queda a medio camino, falto de consistencia, falto de genio, al menos a la altura del guión del Ulrika, (mujer que tras haber cometido un asesinado se conforta en la contemplación de las sensuales ancas de los caballos). Las relaciones violentas, humilladas, lascivas son el trasunto de la obra. Los personajes, las escenas, incomodan, sobresaltan, sacuden. Destaco, al hilo, unas palabras de ‘la Portillo’, extraídas de El País:
‘El teatro tiene que ser un revulsivo, no es evasión; para evadirse y fantasear ya está el parque de atracciones, el teatro está para pensar, lo cual no significa que no sea divertido, pero tiene que transformar al espectador’
Por cierto, qué bueno ver a Susi Sánchez de nuevo, entonces guiando los pasos del Rey Berenguer I, recuerdo atónito.
