Me supo mal la obra representada en el Teatro Español, tal vez porque esperaba mucho, tal vez por tratarse de Shakespeare o quizá porque hacía algo más de un año que Teatre Lliure no venía por estos lares, no sé. Lo cierto es que la lectura que hace la compañía de Ricardo III me defraudo en cierto modo, no por la propuesta o el trabajo, siempre interesantes a mi modo de ver.
Ya de partida, me costó sobremanera remontar la sensación de que era un cómico televisivo el que hablaba y no Pere Aquillué, Ricardo III. Salvado el escollo me ponía en manos de Teatre Lliure. La propuesta se sirve de un escenario contemporáneo, un bar y sus habituales, para desgranar las motivaciones de Ricardo, que se abre paso entre la pasividad en unos casos y la mentira y la codicia en otros. Un segundo plano permite acceder a secuencias relevantes para la trama o que enfatizan determinadas situaciones.
El ánimo a la salida era desigual, oscilábamos entre la franca decepción y un fervor inusitado, y es que algún incondicional se contaba entre nosotros. La conversación posterior fue muy reveladora y serían las palabras de un gran entendido las que creo que resumían esa mala sensación de la que hablo:
“... le falta humildad, le falta humildad creativa y, sobre todo, verdad, a mi me ha aburrido.”
¡Ah...! “Chejov en el jardín”, lo mejor que puedo decir es que sólo perdí el tiempo, tras hora y media de escuchar un texto absurdo, inconsistente e inconexo, pude irme en un descanso benevolente para con el público, ¡aún restaba cerca de hora y veinte minutos!
Suerte que en breve podremos ver “La Cabra o, Quién es Sylvia” de José María Pou en el mismo escenario, que viene jalonada por importantes premios de crítica y público.

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