Cardoso Pires, parece ser” responde el escritor a la pregunta de una mujer, su mujer, a la que le pregunta y tú, tú quién eres. No será sino unos instantes más tarde que no relacione su imagen en el espejo consigo mismo. Y así, su memoria, su identidad, su palabra. José Cardoso está sufriendo como él lo define un accidente vascular, una isquemia cerebral.

Uno tras otro, el Otro, se adentra en una muerte blanca. De la que sólo una vez recuperado es capaz de rescatar vestigios de un tiempo, de un espacio, que no lo fue.

Y no puedo evitar pensar en ese relato breve que es “La hora del diablo”, Pessoa, comienza el libro con la siguiente cita:
Pero esas llamas arrojan no luz, sino oscuridad visible”, y en como cada una de esas señales dispersas y caprichosas muestran la profunda oscuridad en la que el Otro se ve sumido.

Plantea el libro, más allá de los pormenores científicos, la relación del individuo con la memoria, la razón de la identidad... lo caprichoso de la percepción.

Concluye el libro, ya recuperado y con el testimonio de las personas cercanas, con el siguiente comentario;
“Una de mis hijas dice que su padre opera memorias”