Parto de un elemento, único, en un blanco finito. Lo asocio a un segundo y tercer elemento, mantengo fijas las proporciones y constantes las relaciones. Replico la estructura de tres elementos y la relaciono a su vez con la originaria. Repito la misma operación de forma sucesiva, lo repito hasta que… ¿Las formas que dibujan son caprichosas? ¿no hay orden alguno en las formas que se parecen entrever? Pero, tan sólo tomamos como referencia elementos determinados ¿significa que podemos rescatar una ley que pudiera, no ya, definir el estado de una relación de elementos, sino predecir o proyectar el desarrollo futuro?

Hemos introducido un nuevo elemento, el tiempo ¿podemos considerar un objeto, entendido en sentido amplio, fuera del tiempo o está tan indisolublemente unido al concepto de ser? Nada puede sustraerse del tiempo, el transcurso, el devenir. Trato de aplicar conceptos no tanto contrapuestos como el ser y nada sino como el ser y el no ser que no vendría a ser lo mismo que nada.

De existir, o no, esa pauta, no dejamos de ser uno de esos puntos, e incluso las relaciones establecidas entre los distintos puntos no configuran una forma estable. Indefectiblemente me vienen a la cabeza dos escenarios dramáticos, el universo y la humanidad.
Es accidental, arbitraria o por el contrario lógica, sistemática y por tanto comprensible

Poniéndome un poco trascendental “la paradoja del observador”, por qué, cabría concebir un observador ajeno al sistema. No puedo hablar de sistema con rigor en este momento, si lo hago es en sentido amplio.