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¡pobre loco! ¡no sabe alimentarse de cosas terrenas! la angustia que le devora le empuja hacia los espacios y conoce a medias su demencia

Categoría: serpolítico

17 Octubre 2006

¡Democracia...?

Reproduzco este artículo de Daniel Martín, escritor, crítico y amigo, que se explaya a placer en la Estrella Digital

Periodo reconstituyente
Daniel Martín
En teoría, una Constitución como la del 78 debería haber servido para establecer un tablero y unas reglas de juego sistemáticos con los que movernos bajo los principios de Legalidad y seguridad jurídica. Para eso se supone que sirven las normas constitucionales. Sin embargo, España, con poca o ninguna tradición democrática, aprobó una Constitución que la condenaba a extinguirse por culpa de su Título VIII, causa de la actual fiebre estatutaria con la que las Comunidades Autónomas quieren delimitar y blindar unas competencias y derechos para ser más poderosas, inmunes e independientes que las demás. Así, la Constitución del 78, desde dentro, se transforma en algo diferente: una nación pseudofederal de feudos autonómicos donde hasta el agua se quiere controlar... porque, de momento, hay aire suficiente.

Este proceso "reconstituyente" que, paradójicamente, debilita a la nación española -¡pobrecita!-, es imparable, y nos conduce a un lugar donde el principio de legalidad es bastante relativo y la Seguridad jurídica una quimera al dividirse en 17 legislaciones y pico. En Madrid, los niños aprenden los ríos de la Comunidad, y en Cataluña apenas aprenden a hablar castellano. Sin embargo, la Constitución del 78 tampoco se ha establecido, consolidado y fortalecido en la mayoría de sus otros Títulos… Estamos en continuo "proceso constituyente" y, quizás, dentro de 50 años o así por fin nos hayamos convertido en una auténtica Democracia.

Junto al Proceso autonómico, existen otros problemas, por inestables, en continua evolución:

La incompleta separación de poderes establecida en el 78 ha devenido en un bicefálico Poder único que ni siquiera reside en las Cortes Generales: 2 Partidos, con sede en Ferraz y Génova, dominan el asunto. Unas únicas elecciones eligen al Legislativo, que elige a su vez al Ejecutivo, y entre los dos controlan al Judicial. El segundo elemento de esta trinidad hace las leyes, el primero, inevitablemente de la misma línea, las aprueba y nadie las aplica.

Hasta tal punto tenemos escasa consideración a los órganos presuntamente democráticos, que contamos con un Senado que no sirve para nada. Se manda en y desde los Partidos. Lo demás es maquillaje. Otro "proceso constituyente" que prostituye y nos arrebata la democracia.

Todo esto se basa en una Ley Electoral que impide a los ciudadanos elegir a sus auténticos representantes. Los electores ponen una papeleta, y se elige a unos numerarios inamovibles de una lista cerrada. Estos representan a su Partido, no a su circunscripción electoral. La disciplina de Partido ignora siempre los intereses de los electores o la conciencia de los propios "elegidos". Con esta ley se contradice el espíritu constitucional original. Todo esto conduce a que la gran mayoría de los ciudadanos vote a la contra, intentando evitar que ganen los otros, porque los "propios" se conciben como un mal menor.

El Poder Judicial, por escasez de medios y sumisión a los Partidos políticos, carece de auténtico poder e independencia. Ha perdido prestigio y confianza. Claro que no tanto como el TC, el TDC, la CNE y otros órganos de arbitraje, todos controlados. En este sentido, la sociedad se constituye en la duda absoluta sobre cualquier sentencia o arbitraje.

El presunto "cuarto poder", los Medios de Comunicación social, o bien se encuentra controlado por -¿o controlando a?- los propios Partidos o bien se comporta de forma cobarde sin atreverse a decir lo que todo el mundo ve y dice en las tertulias privadas. El método más común, dar sucesos en lugar de información política y así huir del escándalo auténticamente demoledor para con el sistema.

Desde que se aprobó la Constitución del 1978, y como consecuencia de los más de 30 años de la Dictadura nacionalista de Franco, España se ha ido diluyendo. El gran proceso, realmente, constituyente de esta época es el progresivo debilitamiento del concepto de España. No tenemos ni bandera ni himno, porque apenas nadie se atreve o puede amar a España. De ahí que tengan que ser un francés, Sarkozy, o un artista rebelde, Boadella, los que se atrevan a decir "viva España".

El sistema de las Autonomías, por otro lado, ha disgregado al territorio en pequeñas comunidades vecinales con un mayor sentido de identidad que el conjunto del país. Si a eso se une que no hay ni una simple aportación ciudadana a la España conjunta, es imposible que nazca un sentimiento compartido de nación.

A todo ello se unen los numerosos y dispares sistemas educativos que temen y persiguen a la excelencia y promocionan la uniformidad de escaseces. La Educación, que debería ocupar el primer lugar en la lista de prioridades de una Democracia, no sólo se ha desintegrado en 17 y pico planes de estudios, sino que también se ha degradado hasta convertirse en un sistema de mínimos que cumple con el trámite de convertir a los niños en "analfabetos democráticos". A saber: nuestro sistema educativo prepara a los estudiantes de forma insuficiente, sobre todo para crear en ellos un espíritu crítico que les permita sentirse "animales políticos" y afrontar los problemas de 'la Polis' con implacable sentido de la exigencia a sus Representantes e incorruptible sentido de Participación para luchar contra los desmanes y carencias del Sistema.

Así, el 6 de diciembre del 78 entramos en un nuevo periodo "constituyente" que va para largo, y cuya manifestación más evidente son los nuevos Estatutos de Autonomía, pero que puede extenderse a casi todos los rincones del mundo político español. Dónde acabará la cosa, es difícil decirlo…

Pero ya es hora de evitar más hipocresía y plantearnos de una vez si queremos dejar de ser una nación bananera para pasar a convertirnos en auténtica Democracia. Y eso deberemos decirlo los ciudadanos… españoles. Los Partidos, los poderes fácticos, no lo harán.

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10 Octubre 2006

Cuando lo “público” se confunde con lo “propio”

La administración y sus lagunas han dejado a la “buena voluntad” de unos pocos la definición y ejecución de sus competencias y ámbitos de poder. ¿Debiéramos decir, buena voluntad, o sentido común, o bien común? En éste, como en muchos otros casos, la buena voluntad y el sentido común están reñidos, el sentido común dice que una opinión contraria o, no contraria, sino no alineada es inadecuada. Como lo público, ese bien común, es mío, debe servir de altavoz para los pocos y no para crear o generar debate, por tanto el “sentido común” me dice que debo hacerme con lo que no es mío, lo que es de todos, lo público, de esa manera, unos y otros ponen a su servicio lo que no es sino de todos. No importa que sean medios, que tierras, que dineros, que afectos. Los “partidos” se han hecho con la posesión de la verdad, de la tierra... de lo que es de todos en definitiva. Nada que no diga el “partido” es legítimo ni legal, fuera de la opinión del partido se es ilegal.

Tags: politica

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-yo creo que te comprendo – dijo la maga, acariciándole el pelo -. vos buscás algo que no sabés lo que es. yo también y tampoco sé lo que es. pero son dos cosas diferentes. eso que hablaban la otra noche… sí, vos sos más bien un mondrian y yo un vieira da silva.

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