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La Coctelera

inmaterial

¡pobre loco! ¡no sabe alimentarse de cosas terrenas! la angustia que le devora le empuja hacia los espacios y conoce a medias su demencia

Categoría: proscenio

22 Noviembre 2007

Perro muerto en la tintorería: Los fuertes

Rabia y teatro.

Angélica Liddell
viene precedida por una trayectoria cuando menos convulsa, impactante. Que menos que darse uno la ocasión de verla, esta se ha presentado de la mano del CDN. Perro muerto en tintorería: Los fuertes, en cartel actualmente y, El año de Ricardo, próximamente, estas son las dos obras que esta temporada ha programado la institución.

El resultado no puede ser más mezquino, ella, moralizante, personalísima, irreverente... incomprensible, antepone su rabia a lo teatral. Una trama, en fin, apocalíptica mínimamente hilvanada, interrumpida y rota, sin forma. Tres horas, en suma, perdidas, irrecuperables.

Cuestiona, sí, el papel del actor, el "puto" actor; la relación entre arte y poder; al público, "los tibios"; el límite entre la verdad y la escena, en muchos casos agrede, con qué fin, comunicar, mostrar, hacer entender; está bien, pero, lo hace para-sí, no tanto para el público (al que le guste o no se debe, sino, tiene la calle), y lo hace de manera panfletaria, con maneras sectarias, esquizofrénicas, demagógicas. Se desnuda, sí, muere en el escenario, es cierto. Pone en entredicho el teatro como entretenimiento, el teatro como verdad, como exaltación de la vida, de la justicia, el teatro como denuncia, -malsana-, adoctrina; y sí, me ha hecho sentir mal, uno, porque en parte puedo compartir el parecer de la autora, dos, por no haberme levantado e ido, me di sin embargo el gusto de no aplaudir. Me quedan dos cosas de Perro muerto, asco y una confesión, un fragmento de su diario personal en el que referencia un fragmento del Apocalipsis, que a su vez Kierkegaard hizo leer en su entierro y que forma parte de una especie de manifiesto al que aferrarse:

Conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, porque eres tibio y no eres ni caliente ni frío voy a vomitarte de mi boca.

A la pregunta de Liddell respondo: Sí, este hijo de puta tiene ganas de matarte... Que digo matarte, te morirás, y lo harás de pena... como todos nosotros, los "tibios".

Verdad. Sí. La busco. No a una persona trastornada que vomita su mierda sobre mí. Por favor, tu pena y tu mierda te las puedes guardar.

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3 Octubre 2007

Play Strindberg, de Dürrenmatt

Nunca pensé que pudiera presentarse una circunstancia como esta, ¡una colaboración! Ícaro nos envía la crónica de Play Strindberg en el Teatro Abadía, que a pesar de no haber visto (precisamente por eso), y por el tono que no creo hubiera podido aplicar, quiero compartir:

Tostón, qué es un tostón. Un tostón es la representación del Teatro Abadía, Play Strindberg.

Me siento mal, parece que esté cometiendo perjurio. No es posible que en una misma frase se vean involucrados José Luis Gómez y su(mi) Abadía y el calificativo Tostón, pero de verás la cáustica del texto no es suficiente como para mantener una representación que dura cerca de una hora y media y que en el original son cerca de cuatro horas. Buena muestra es la sucesión de asaltos finales en los que uno llega a pensar que realmente tienen prisa por terminar.

Sí, queda claro. El matrimonio, infeliz matrimonio, se odia. Queda claro, pero y después, qué hay después de la convivencia insana y enferma. Está bien, hay mucho de dominación, el único gesto cariñosa de ella, Alice, para con él, Edgar, es el momento en que él se encuentra impedido, inválido; de lo que creen que fueron y de lo que hubieran sido, cargando las culpas al otro a la vista de lo que hay; y un único punto en común, una leve tregua, hábito del que Alice participa y al que el militar aspira.

El arranque de la obra resulta tan realista que creía estar viendo a mis abuelos, que en paz descansen. Conversaciones, que digo conversaciones, entradas, lances, frases huecas que, en efecto, muestran que no hay nada que decir después de 25 años, que el único disfrute que queda es llevar la contraria al otro, eso y matarlo de hambre, “porque yo soy más fuerte que tú”; compartir las miserias. Este hecho solo se verá interrumpido por las ausencias de Edgar, el de las canillas enfundadas en botas de montar, y la aparición del primo de Alice, Kurt, contrapunto ilusorio del hombre viajado, cuál será nuestra sorpresa.

Y dicen que esta fue la producción más aclamada de la temporada anterior. Qué podía esperar en tal caso sino tocar el cielo. Es verdad, quizá quiero ver otra energía en el escenario, otro asunto y no a mis ancianos abuelos, gran ejercicio actoral... Gran teatro, sí, del que no me alcanza, del que no me toca.

Por cierto, me pone muy nervioso que finjan repartir una baraja de cartas o comer una pata de cordero. Que se firme un cheque imaginario con un bolígrafo, uno de verdad, lo siento, estamos en un sitio o no lo estamos pero no estamos en ambos a un tiempo.

Sí, hubiera querido ver al Dürrenmatt del “Proceso por la sombra de un burro”, pero no, no era el día, ni el lugar... Ni la obra. Sí, la culpa es mía. Lo siento Sra.Espert, Sr. Bosch, Sr.Gómez. Mis respetos.
Afectuosamente.
Ícaro.
--
http://www.lacoctelera.com/elhombredeteatro

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2 Octubre 2007

Tocan a muerto

Escena primera
Un hombre se lanza contra otro, forcejean violentamente, el primero, el agresor tras vencerse, es golpeado violentamente, su defensa es débil, más verbal que formal. El estrépito atrae a dos hombres que sin mediar palabra lo inmovilizan y golpean brutalmente, uno de ellos, preso, como él, sobre la boca del estómago, certero y mortal, lo arruga, lo dobla. Cae. Los vigilantes, que no han participado, y los agresores se retiran parsimoniosamente.

Escena segunda
Desciende la luz, se mantiene lo suficiente como para que podamos verle levantar. Se vuelve hacia nosotros, magullado y ensangrentado. Dice así:

“Me ha roto, ha acabado... Ninguno de ustedes sabe los motivos por los que lo he hecho, ninguno de ustedes puede ponerse en mi lugar o saber cómo he llegado a este punto.

Fui condenado. A muerte. Tuve un juicio justo, mi abogado, gente de principios, un juez, el fiscal y un jurado, me encontraron culpable. Probablemente lo sea, sí. Yo en su lugar hubiera hecho lo mismo, las pruebas presentadas no dejaban lugar a dudas, la maté, y lo hice de forma abominable, alevosa (palabras estas que aprendí en el juicio), vil, ruin, ¡enferma…? No, no voy a decirles aquello de la sociedad enferma. Era absolutamente consciente de lo que hacía. La maté, sí, pero ¿Era verdaderamente importante que la hubiera matado o que me encontraran culpable? ¿He de morir por ello? ¿El que muera y lo haga de esta forma le traerá paz a ella? ¿Y a ustedes? Ya antes de que hubieran pronunciado sentencia yo estaba condenado, la expresión del jurado al oír los pormenores de la muerte eran suficientes para buscar un culpable y, desembarazarse de la pena, de la amenaza, quién puede vivir con ella.

Me dirán, que era consciente, que soy culpable, que he de pagar. Sí, les digo yo, pero se lo vuelvo a repetir no saben cómo he llegado a este punto o cómo me siento. Tampoco es importante, estoy muerto. Muerto por la gracia del estado.

Seguro se preguntarán si estoy arrepentido, pero créanme no estoy preparado para responder, aún no.

Hace doscientos noventa y ocho días que fue dictada sentencia, pena capital, pena de muerte, estoy seguro de que no son conscientes del significado de esas tres sencillas palabras. Tiempo he tenido para paladearlas, para rumiarlas uno tras otro, para digerirlas, devolverlas incluso. Pena de muerte, un bocado acre, un olor a habitación cerrada durante años, pena, una aflicción, una tristeza honda... Lástima de muerte.

¡Atención! Ustedes, yo, todos, podemos morir. Yo sé lo que es eso, morir, muero lenta pero inexorablemente, empecé a morir el día en que puse un pie en este corredor. Morir y matar, arrebatarle su tiempo a otra persona, nunca lo sabrán, no han matado a nadie, no han visto sucias sus manos. Es una pena, me apena, nos apena, nos sentimos apenados ante la proximidad de la muerte; la hemos desterrado, ocultado, por temor, por ambición ¡Viviremos mil años! La muerte no existe, si no la vemos no existe, si no la ejecutamos no existe. A diferencia de ustedes para mi no hay incertidumbre alguna, sé el día y la hora en que iba a morir. Esta, bueno, muerte administrativa, legal, precisa y proporcionada... civilizada en una palabra que estaba por venir ya no tendrá lugar. Se la he arrebatado.

Es por eso que lo hice, me lancé contra él, le sabía brutal y capaz. No es el “tormento” de las voces de Anna, no, sus súplicas cuando la maté, a medida que pasa el tiempo lo he ido olvidando. Ese es mi destino, ser olvidado. Supe que ese tipo me vencería sin gran dificultad, no vacilaría a la hora de matarme. No lo conocía, ¡Bah...! No se apuren, seguro habrá alguna razón, algo por lo que hubiera de pagar. Una barbaridad, dicen, su opinión ha de cambiar si les digo que está aquí, conmigo, en el corredor, ya pueden imaginar porqué. Me lancé contra él y bueno, ya saben lo que pasó.

¡Que liberación, Señor! Lo he meditado varios días, esos hijos de puta no me iban a matar como a un perro, no les concedería ese capricho. Lo he meditado pero por más que lo pensaba no encontraba la manera de hacerlo, no había forma adecuada de hacerlo. Más de uno entre ustedes quisiera verme pendiente de una soga, alguno incluso estaría dispuesto a ayudarme, a darme un empujoncito, ¿verdad? Es humano.

Lo hice sin embargo el día en que no me lo propuse, fue fortuito, fue accidental, fue eléctrico. Me di la vuelta y me fui contra él. Me dije, ya está, todo ha terminado, no habrá más padecimiento, ni el mío propio, ni el de Anna, mi víctima. Se han terminado el silencio y la soledad, y la espera. No había tiempo que perder.

Viéndome ahora, tal cual, aquí; agredido, calmado, resulta incomprensible, imposible saberme capaz de lo que hice. Es otra persona, es un recuerdo ajeno, de otra persona que se ensañó con esta otra, Anna, mi querida Anna. No era yo, era otra persona. Eso me permite, nos permite, seguir adelante. Ninguno de ustedes se ha visto en la situación en la que yo me he visto, pero eso no es importante, yo estoy aquí y ustedes no lo están. Dirán, nunca hubiera reaccionado igual, quizá no, quizá sí. No trato de justificarlo, cuando lo hice estaba ciego, sordo, no lo pensaba, es como un dolor, uno no lo piensa, lo siente, y sería capaz de cualquier cosa con tal de calmarlo. Es un acto involuntario, no hay que pensarlo, de hacerlo nunca encuentra uno el momento, es un dejarse ir.

Soy violento, sí, violento y brutal, y no merecía morir como un perro, no merecía esta muerte limpia, aséptica y formal. De veras he soñado con aferrarme a los brazos de mi verdugo, las manos sudorosas que se cierran sobre mi cuello. Necesito sus ojos clavados en los míos, necesito su aliento sobre el mío, que huele a miedo y saber como la vida se me va entre sus manos. Pero, no. No esta muerte burocrática, técnica, limpia. Qué clase de práctica impía es esta, que clase de orden es el que sustenta esta creencia, esa que trata, ya no a mí, sino a todos y cada uno de nosotros como si nada fuéramos, como si de un expediente se tratara, quién aplica y dispone. Me pregunto además, ¿es esta la suma de nuestras voluntades?, ¿es esto lo que quieren, muerte civil, muerte burocrática?, ¿cómo legitiman esta muerte, este vaciado? Porque eso es lo que hacen, legitiman algo que no tiene legitimación alguna, y lo hacen en aras del orden, del cuidado, de la sociedad, de la moral. No me miréis así, no quiero compasión, comprensión, sólo quiero pudrirme aquí el tiempo que resta. ¡Me están desollando vivo!

No me iba a dejar anular. Denme mi último esfuerzo, denme mis últimos instantes y no una sucesión de días muertos, denme el miedo a morir, me pertenece, no esta anulación, esta cosificación, esta barbarie. Sé de lo que hablo ¡Yo soy el bárbaro, ustedes los civilizados! Son ustedes que hablan de cuidados médicos, alimenticios, atenciones todas para morir mejor. Quiero el pulso acelerado, la adrenalina, no saber que está pasando hasta que un último suspiro me anuncie la muerte, una, humana, cansada, vital y no como deshecho.

Morir, sí, hubiera podido morir. De pena. No espero que lo comprendan, tampoco yo sé, cómo o por qué, tan sólo esperaba que no me supusiera una tortura, un vaciado. Lo merezco, me pregunto, merezco vuestro respeto, probablemente, no, empezando por el mío propio que perdí no se dónde ni cómo, quizá no hubiera nada que lamentar si me hubiera tenido respeto, si me hubiera guardado respeto. Pero morir, así, de pena, a manos de una administración, de algo inanimado, sin sentimiento ninguno, tratado no como una persona sino como objeto, como ganado. Pero, ¡Por Dios... No lo ven! Tratan mejor a sus animales, a sus mascotas.

Sí, soy culpable, merezco un castigo. Merezco la pena. Contra qué me he de enfrentar, contra quién. Cuál es tu cara ¡Muéstrate miserable! Cuál es tu rostro, cuál tu ánimo. Estoy sujeto de pies y manos; quieren que lo esté de conciencia, estrechan los grilletes de la pena sobre mi conciencia, se impone saber que no habrá nada más allá del espacio de los grilletes.

Quién eres tú, qué puedes contra los hombres. ¡Dispara miserable! Hazlo ahora, ante todos estos testigos pero, no, así, no, no me dejes languidecer entre los estrechos márgenes de los grilletes, no me dejéis morir de pena, de dolor.

¡Matadme!, ¡Ahora!, Por favor.”

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1 Octubre 2007

Un hombre que se ahoga, de Veronese

El CDN nos trae nuevamente a Veronese. Tuve ocasión de verle la pasada campaña con su "Mujeres soñaron caballos" que me dejó en la butaca incómodo e interesado, vamos, picado por la curiosidad y, no fue sino el pasado fin de semana que era capaz de entender y aprehenderla propuesta de Veronese. El suyo es un Teatro de lo Grotesco, -sin acritud sea dicho-, más extravagante que ridículo; Grueso. Vivaz e intenso. La creación, versión o adaptación, dígase como se quiere del clásico de Chéjov resultaba prometedora. La contención de Chéjov y el nervio, el ímpetu de Veronese, así como el plantel de actores, cuando menos resultaban dignos de interés.

El resultado sin embargo es desigual, y lo es por dos motivos, uno, el hilo argumental y, dos, los elementos técnicos. Vaya por delante el trabajo actoral, verdadero, extremo en algunos casos y lindando la extravagancia; reacciones infantiles, inesperadas, en hitos dramáticos que descolocan un tanto al espectador.

La puesta en escena y el conjunto de la obra únicamente permite atisbar un puñado de perlas, de escenas, de gran valor por si solas pero de difícil comprensión dentro de un todo. Por establecer un símil se me antoja un racimo de uvas, -por qué-, no encuentro solución de continuidad entre unas y otras escenas, el barullo en algunos casos y la falta de conexión en otros, me hacen admirar los pequeños trabajos y no tanto el todo, como decía. Obvio algún problema “de genero” que por momentos se colaba en el diálogo.

La puesta en escena, mínima, pone toda la atención en la palabra, en lo que está ocurriendo, sin embargo determinados elementos técnicos no ayudan a establecer una definición de los personajes. La relación emocional tiende a un exceso, a un cogerse, a un empujarse, a un no distinguir, y choca. Los personajes se erigen desdibujados ante las razones de unos y otros personajes con cierta ceguera, con cierta incertidumbre, lo que diluye el resultado. Es una abstracción de la que se levantan rasgos del personaje, destellos.

En suma, la puesta en escena puede resultar confusa y perder al espectador, una propuesta escénica me parece válida siempre y cuando respete una comprensión, una verdad. La propuesta ha de ser clara, mantener un ritmo.

El resultado es una asfixia, un ahogo, una bola en la boca del estómago. Quiero pensar que Veronese parte de una muy personal manera de entender el teatro, dejando a un lado supuestos técnicos, para, de manera poco convencional, dar voz a la emoción, una sin freno, sin contención, sin forma a veces.

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24 Septiembre 2007

"De noche justo antes de los bosques", de Koltés

Sobre "La nuit just avant les forets", de Koltès, versión de Sergi Belbel (De noche justo antes de los bosques) escribe Marcos Ordóñez en El País una interesante crítica. No, no he tenido ocasión de verla pero lean y entenderán porque, permite en parte hacerse una idea de lo que pudo ser, dicho con sentimiento de pérdida, se ha perdido. El artículo puede consultarse de forma íntegra en el siguiente enlace. Quizá como dice el Sr.Ordóñez tengamos ocasión de verla ante las peticiones de los programadores, ¡Ojalá! Ahí va entre tanto:

"Se trocea y encarna en seis voces, seis grandes voces, seis actorazos. Por orden de aparición: Pere Arquillué, Andreu Benito, David Selvas (que sustituye a Lluís Homar), Josep Maria Pou, Jordi Bosch y Francesc Orella[...].

El protagonista de La nit es un extranjero, un paria, un hombre que escapó del yugo de la fábrica y vaga en la noche de un París ajeno y hostil. Como todos los desheredados de Koltès, se expresa en un lenguaje articuladísimo, de alto vuelo poético, todavía cercano a Céline en su angustia y su furia, pero alboreando ya la tensión genetiana entre mordisco de arroyo y majestad formal. Es decir, que ese texto no se puede dar a la carrera ni "bajar" hacia lo coloquial[...].

Lo singular del trabajo de Rigola, no sé si por azar o por cálculo, es que, obviamente, no ves a un solo hombre sino a seis, individualizados por sus narraciones [...], mostrando las diversas facetas, únicas y complementarias, de un mismo poliedro. A lo largo de esa noche errabunda conoceremos, pues, todas las caras y caretas de un solitario que camina bajo la lluvia buscando un interlocutor, un compañero, "un ángel en la mierda". Como Jerry en Historia del Zoo, sus palabras son estrategias de aproximación, fintas de defensa, recordatorios de su identidad: habla para tocar y tocarse y ser tocado.

Pere Arquillué es la voz del principio de la noche, asediado por lobos y espejos pero todavía sonriente, invitador; una voz que intenta mostrarse fuerte y segura, un hombre que dice preferir los hoteles de paso a las casas burguesas, y lavarse el pito en los aseos públicos, casi un autoestopista beat a la caza de un breve satori compartido ante dos tazas de café caliente.

Andreu Benito, en cambio, parece un viejo situacionista a la deriva, perdido en la edad de plomo y en los bares del Marais; un superviviente del 68, un personaje de Garrel que cae en la trampa de una joven y rubísima neofascista al postular una imposible Internacional de los Desheredados, una fuerza de agitación y, sobre todo, de defensa.

Le sucede en escena David Selvas, que no es un reluciente black pero lo parece, y también un hijo de Oliveira buscando a la Maga de puente en puente, y un Hamlet de suburbio que clama por una arrasadora venganza cósmica: su mano izquierda quiere empuñar la daga y en la derecha todavía hay restos de la tiza con que escribió en todas las paredes el nombre de esa Ofelia que muy probablemente flote a tales horas río abajo.

El tercer hombre es Josep Maria Pou, una súbita criatura de Bukowski o Fonollosa, bronco y alucinado de dolor y mal vino, sonámbulo en el termitero de putas y clientes de Barbès, ojeando la violencia nacida de la desesperación y el miedo de cada viernes por la noche, las zonas de sombra y peligro, los innumerables ghettos, con un fanfarroneo ("yo pego antes de preguntar") que no engaña a nadie, agotado por el desconcierto, recontándose la historia de la puta que se mató comiendo puñados de tierra del cementerio, tierra oscura y profunda, empapada de muerte, y en ese recuento intuimos que el personaje nunca ha estado más cerca de la emulación suicida, pero es sólo un relámpago antes de que doble la esquina y se aleje por Rochechouart y ocupe su espacio otro soliti ignoti con el rostro de Jordi Bosch, una voz ahora más ligera porque no tiene el peso de una historia que contar: es el momento de dejarse ir en la alta madrugada, de acogerse al breve ensueño de un poco de calma sobre la hierba y bajo los lejanos y altísimos árboles de Nicaragua, pero llega la certidumbre fríamente desesperada, todo igual, la jungla de las ciudades y la selva donde un general y sus secuaces disparan contra los hombres ocultos.

Cercano el amanecer entra Francesc Orella con el empapado abrigo de La caída y los ojos incandescentes de dolor y rabia, de infinita fatiga. Cae la máscara inicial: el vagabundo ha sido robado y deshombrado por las fieras, sólo tiene humillación y soledad, y el eco de esa ira caótica que estalló, para apagarse como una cerilla, en un andén de la estación de Clichy.

La nit just abans dels boscos es un hermoso y hondo espectáculo. Aquí nunca ha resonado Koltès tan bien dicho y sentido, pero la función resulta un punto sombrona, tonal y literalmente (¿es necesaria tanta penumbra?); todavía demasiado "educada" y solemne; demasiado tirada hacia abajo por una gravedad que no es la de la piedra atada al cuello sino la tristeza ritual, unificada y un tanto circunspecta del oratorio de lujo. Esa melancolía ha de predominar porque se trata de una voz (o voces) sin salida y no conviene, está claro, agitar los parlamentos ni precipitarse, pero yo diría que el texto pide un poco más de fisura, de electricidad. Quizás sea eso, que todavía falta un hervor en la dirección y en las palabras: un hervor de fiebre."

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12 Septiembre 2007

¡Arriba el telón!

Algunos nombres propios, Festival de Otoño, CDN, Teatro Español, Teatro Abadía, Teatre Lliure, etc. son sólo algunos de los que estos días, algunos antes otros después, presentan la programación de la campaña entrante. Propuestas atractivas y esperadas, quizá la resaca veraniega.

El programa del Festival de Otoño, muy madrugador, se presentó a mediados del mes de julio. Esta edición cuenta con nombres ilustres y una amplia programación que se celebrará del 15 de octubre al 18 de noviembre. Entre las que destacaría la presencia de la compañía National Theatre of Great Britain que representará Happy Days de Samuel Beckett; Peter Brook que dirige The grand inquisitor, basada en un capítulo de Los Hermanos Karamazov de Dostoievski; la Comédie-Française con Le Misanthrope de Molière; Piccolo Teatro di Milano con Il Vengaglio de Carlo Goldoni; Calixto Bieito; Daniel Veronese y así tantos otros dignos de verse, no hay más que consultar la página.

El programa completo puede consultarse en la página del festival.

El CDN (Centro Dramático Nacional) hoy día 12 ha presentado la programación de la presente temporada. Las obras se repartirán entre las dos sedes con las que cuenta, el Teatro María Guerrero y el Teatro Valle-Inclán.

Por su parte el Teatro María Guerrero arranca con la obra:
Un hombre que se ahoga’, versión de Tres hermanas de Anton Chéjov
creación de Daniel Veronese, al que tuvimos ocasión de ver en la pasada temporada.
20 de septiembre a 21 de octubre de 2007

Por su parte el Teatro Valle-Inclán presenta con la obra:
Extinción’, de Thomas Bernhard.
Dirección de Krystian Lupa
Teatr Dramatyczny de Varsovia
18 a 21 de octubre de 2007

No será la única obra del autor austriaco, ‘Sobre la jubilación’. Entre otras se presentarán producciones propias y coproducciones, una de ellas con el TNC, ‘La plaça del Diamant’, o el Teatre Lliure, ‘Après moi le déluge’. El programa completo se puede descargar en la página del CDN.

El Teatro Español por su parte presenta en este inicio de temporada:
¿Dónde estás, Ulalume, dónde estás?’
Autor: Alfonso Sastre
Director: Juan Carlos Pérez de la Fuente
Intérpretes: Chete Lera, Zutoia Alarcia y Camilo Rodríguez
Género: Drama
Fecha: 13 de Septiembre de 2007 hasta 23 de Septiembre de 2007

Obra que en palabras de Rosana Torres:

‘[...]obra que se adentra en la psicología y los últimos días de la vida de un maldito y genial alcohólico, Edgar Allan Poe.
[...]el teatro de Sastre es posible y necesario. "El que enlaza con la tradición española de lo grotesco, del sainete trágico, del realismo social estilizado por la buena escritura y la construcción teatral, de la ironía cervantina", dice Pérez de la Fuente.’

La programación puede consultarse en la página del teatro.

No podemos dejar de atender a la oferta catalana y es que Teatre Lliure y Teatre Romea cuentan con grandes programas que merecen un, -por qué no-, fin de semana en Barcelona:
Teatre Lliure
Que arranca con “La nit just abans dels boscos” (De noche justo antes de los bosques) con un plantel, -cómo decirlo-, único.

Entre otros esta temporada contará con la participación de Lluisa Cunillé, Álex Rígola (al que tenemos por partida doble, “La nit just...” y la obra presentada en el Grec “2666”), Veronese, Ollé, Rodrigo García y así un largo etcétera, consultar la página.

Le van a la zaga el Teatro Bellas Artes, Abadía o el Centro Cultural de la Villa.

El Teatro Bellas Artes tras la gran afluencia de público de la pasada temporada, entre otras presentó la laureada ‘La cabra’, quiere revalidar dichas cotas empezando con una versión de ‘Fedra’ de Juan Mayorga, estará en cartel hasta del 28 de octubre desde el 7 de septiembre. Contará así mismo con la presencia de Manuel de Blas en ‘El sí de las niñas’ para continuar con Calixto Bieito, ‘Los persas’. Ver resto de la programación.

El Teatro Abadía apuesta sobre seguro y reestrena ‘Play Strinberg’.
Apuntan en su páginasobre la presente temporada:

‘Quien se desplaza posee inquietud y eso es siempre positivo. Este año pasarán por La Abadía varios artistas que han nacido en un país y que, movidos por distintos impulsos, se han asentado en otro diferente. Los montajes que presentaremos están poblados de personajes que cruzan fronteras en busca de la verdad, de la felicidad, o a veces ignorando qué buscan’

El resto de la programación está accesible en su página.

El Centro Cultural de la Villa sorprende en su inicio con la actriz Blanca Portillo y el director esloveno Tomaz Pandur y su 'Barroco', que en palabras de Rosana Torres:

‘La obra se llama Barroco y ha sido escrita por el propio Pandur y por Darko Lukic, basándose en dos textos muy conocidos: Las amistades Peligrosas, de Choderlos de Laclos, y Cuarteto, de Heiner Müller.
[...]Esta propuesta de Pandur se sitúa en un espacio que se supone anterior a la Revolución Francesa. "La historia completa del mundo occidental en un refugio, la víspera del cataclismo del Gran Cambio. Fuera, el mundo se va cuarteando, dentro, la seda se va agrietando a golpes de miedo y de belleza. Muy pronto nada volverá a ser lo mismo", dice Pandur. Y añade: "En la obra, el exterior y el interior se transformarán definitivamente en dos universos remotos, en tanto que la existencia humana se tornará en un viaje eterno en busca de un punto de encuentro".’

Programación del CCV.

Por si esto no fuera suficiente contamos con la oferta de la Red deTeatros Alternativos que siempre aguardan con alguna grata sorpresa para los espectadores, sirva como ejemplo el ‘Esperando a Godot’ del Teatro de la puerta estrecha (ver página). Mencionar también Cuarta pared, Sala Triángulo, Teatro Pradillo, etc.

La elección de unos y otros teatros y obras por arbitraria es más interesante, ya que sólo quiere ser un punto de partida que habrá de completarse con sorpresas y decepciones que, a buen seguro, tendrán lugar al cabo del año.

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10 Septiembre 2007

Fedra

Versión: Juan Mayorga.
Dirección: José Carlos Plaza.
Elenco: Ana Belén, Alicia Hermida, Fran Perea, Chema Muñoz, Javier Ruiz de Alegría y Daniel Esparza.
Teatro Bellas Artes, de 7 de septiembre a 28 de octubre.

Arranca la temporada y lo hace de manera irregular. Ya me duele, ya. Más que dolido es frustrado lo que me encuentro, -¡y desganado!-. No en vano quise ir al Grec o al Festival de Mérida para ver este mismo montaje, afortunadamente no lo hice y tuve ocasión de ver la adaptación de Rígola de 2666 del chileno Roberto Bolaño. Aunque, para mi sorpresa, la obra fue del agrado del público, la mitad del patio de butacas aproximadamente en pie aclamaba a los actores entre bravos, vítores y encendidos aplausos, lo que para mi no había sido sino un despropósito.

Qué, por qué digo que fue un despropósito. No fueron, no, las cuatro llamadas telefónicas que tuvieron lugar durante la representación, de veras me hubiera levantado y torteado a los susodichos; tampoco las dos personas que se levantaron durante la representación, -aguas menores imagino-, para luego volver a entrar; tampoco la broma socarrona de un gracioso con sus ronquidos y, finalmente, estos sí, verdaderos, no ronquidos pero sí profundas espiraciones de alguien echándose la siesta.

La versión de Mayorga más que sencilla, simple, deja desnudos a los actores. La trama requiere de una intensidad tal, de una escucha, que de lo contrario queda desmembrada, muerta, el texto no tiene volumen alguno, sí en lo intelectual, no en lo vivenciado.

Es desde un primer momento que uno se siente engañado, la confesión de Fedra a Enone, no casan sus palabras, el texto y la compostura, la presencia, la energía precisa. La emoción era la misma que pondría un frutero, dicho con todo el respeto del mundo, para despachar dos kilos de patatas, es así cuando un cuchillo en manos de Fedra es poco menos que un chupa chups para Enone.

La escenografía ya no minimalista sino ridícula no sirve en nada al propósito del texto cuando un simple cuchillo se convierte en un problema, -¿dónde está el cuchillo? En la esquina, en el rincón-. Los exiguos elementos no sirven para hacer entrar en la trama al espectador. No olvidemos que el teatro es una ficción, gente que cree, sobre el escenario (los actores), y gente que quiere creer, el público, es una ilusión la que se produce, una ilusión de la que cualquier elemento por pequeño que sea puede sacarte.

Una trama sin transición, sin modulación alguna de la emoción, estas personas sobre el escenario decían sentir, decían amar, odiar... pasan sin solución de continuidad de un teórico clímax al café con leche, por favor, Fedra ante el rechazo de Hipólito. No puedes decir ver en los ojos de nadie una emoción o sentimiento si ni siquiera los estás mirando, es inaudito. Cuerpos agarrotados y sin pulso alguno, y que decir de Teseo... ¡valientes mitos los que pululaban por el escenario... mariposas!

Es cierto que tenía todos los reparos en ver a Ana Belén o a Fran Perea pero quise confiar en el buen hacer de Mayorga y José Carlos Plaza, fue en vano. El texto va por un sitio y los actores, -¿he dicho actores...? perdón-, por otro. No creo, de verás, que los “personajes en el escenario” transitaran una sola emoción, impostaban la voz, gritaban a lo sumo, pero en modo alguno sentían. No había emoción alguna que les moviera a hacer, recitaban, sí y nada más.

Sin entrar en cuestiones de gusto, afinidad, creo se debiera ser más exigente. Nunca en todos los años que llevo asistiendo al teatro he visto una reacción semejante y, verdaderamente, he visto “obras de arte”, y la de ayer no fue una de ellas. Es excesivo, sin hablar de la falta de respeto y educación de algunos, los menos, es verdad, que ayer asistieron como público.

Tags: teatro, bluf, mediocre

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23 Julio 2007

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Qué ha quedado al término de esta temporada. Queda la verdad, instantes de verdad.

La verdad de una bailarina de striptease que no se llama Alice, y que ante los embates de Larry termina por confesar, -no, no confesar, compartir-, su nombre ante la incredulidad del mismo, uno de tantos ‘clientes’ que buscan la verdad en el agujero de su culo.

Queda la ficción descrita por Ulrika, plano a plano; las sensuales grupas de los caballos del cuerpo de caballería que desde la barandilla contempla una mujer, homicida, perpleja; aliento arrinconado a empellones por lo sórdido y desquiciado de la escena.

Quedan los motivos para levantarse una mañana más, ver despertar a aquellas personas que uno tiene cerca, que quiere, dice Idaho viendo el último sueño de Utah.

El cariño del hijo, -maricón-, por el padre, -follacabras-, el que en palabras de Billy, “cómo voy a explicarles que mi padre [Martin] está cavando un hoyo en el sótano, tan profundo que cabemos todos en él y del que no podemos salir... las personas a las que más quiero”.

La necesidad de volcarse el uno en el otro, de sincerarse, de hablar. De, en palabras del actor, Helio Pedregal, “Mi personaje [Andrei] es un hombre que quiere vivir y que convierte su fracaso en un hecho vital porque demuestra que en la oscuridad también hay placer”.

Delirantes conversaciones de dos oficinistas que dirimen sobre lo adecuado, lo oportuno, de saltar o no al vacío.

Queda un gesto, imperceptible apenas, en la comisura de los labios.

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Closer - Mujeres soñaron caballos - Idaho y Utah - La Cabra - Afterplay - Función Beckett.

Tags: teatro, escribo, atras

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-yo creo que te comprendo – dijo la maga, acariciándole el pelo -. vos buscás algo que no sabés lo que es. yo también y tampoco sé lo que es. pero son dos cosas diferentes. eso que hablaban la otra noche… sí, vos sos más bien un mondrian y yo un vieira da silva.

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