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La Coctelera

inmaterial

¡pobre loco! ¡no sabe alimentarse de cosas terrenas! la angustia que le devora le empuja hacia los espacios y conoce a medias su demencia

Categoría: atril

17 Octubre 2007

La conquista del aire, de Belén Gopegi

Apenas media lectura de “La conquista del aire” y son dos libros los que encuentro. Uno, capítulo I, que no puedo evitar calificar como "de militancia", donde las razones, carácter, de los personajes se diluyen para dar mayor relieve al narrador. Papel que Gopegi subraya en el prólogo; la intencionalidad, participación, del narrador en la búsqueda de la "verdad". El protagonismo del que narra mantiene en un segundo plano la historia, los personajes, lo que no deja de chocarme dado que, como militante, todo se plantea en términos de bueno y malo. Se limita así la realidad de los personajes, dejan de serlo de carne y hueso para no ser más que pretextos, argumentos, para alcanzar un fin. Gopegi escribe sin duda lo que le viene en gana, no porque yo lo diga, sino por autonomía, por convicción, pero a mi modo de ver, pierde en intensidad, cuando el resultado ideológico, creo, sería el mismo con un narrador, digamos, más neutro. Es ese el segundo libro, el que leo a continuación, donde Gopegi retira del primer plano al narrador y deja hacer, a su merced, a unos personajes con los que uno podría confundirse en el espejo, codearse en la calle, con más artificio, más pereza, más decaimiento, más complacencia en sus vidas que verdad, ahora sí, "verdad".

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11 Septiembre 2007

Crímenes ejemplares de Max Aub

"Pienso, luego soy, dijo el hombre famoso. Los árboles de mi jardín son, pero no creo que piensen, con lo que se demuestra que el señor Renato no estaba en su sano juicio y que lo mismo sucede con otros seres: mi suegro, por ejemplo, es y no piensa, o mi editor, que piensa y no es. Y si lo ponemos al revés, tampoco es cierto. No existo porque pienso ni pienso porque existo. Pensar es cierto, existir es un mito. Yo no existo, sobrevivo, vivir –lo que se dice vivir- sólo los que no piensan. Los que se ponen a pensar no viven. La injusticia es demasiado evidente. Bastaría pensar para suicidarse. No, don Descartes: vivo, luego no pienso; si pensara, no viviría. Hasta se podría hacer un bonito soneto: Pienso luego no vivo, si viviera no pensara, señor... etc., etc. Si para vivir se necesitara pensar, estábamos lucidos. Pero, en fin, si ustedes están convencidos de que así es, soy inocente, totalmente inocente, ya que no pienso ni quiero pensar. Luego si no pienso, no soy, y si no soy, ¿cómo voy a ser responsable de esa muerte?"

Tags: leo, descartes, crimen

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20 Marzo 2007

El hombre de teatro de Thomas Bernhard

O más fielmente “El teatrero”, como prefiere Miguel Sáenz, traductor.A pesar de lo cual me quedo con el título arriba reseñado. Al inicio del libro Miguel Sáenz destaca la opinión que ya en su día emitió el crítico Gotthard Böhn y que extracto a continuación:

“La creación poética de Bernhard ha alcanzado entretanto altas regiones, en las que el genio y la rutina descarada, la sagacidad más aguda y la idiotez pura apenas se distinguen. De lo excelso a lo bobo no hay más que un paso... Bernhard se repite, pero no hay que pedirle otra cosa, sino siempre lo mismo, siempre distinto, siempre mejor.”

Bruscón, el actor oficial, el mayor actor de todos los tiempos (título que en ocasiones obtiene a la fuerza), el que tiene conciencia de corresponder a una misión. La victima de una pasión, es un impulso vital, ya a los diecisiete, “ansioso del espíritu de lo creador”, o es un abandonarse al arte, a la más elevada compresión del arte*.

Bruscón y su Rueda de la Historia, epílogo ya no de la obra sino de la vida del actor, perdón, del artista, (“un actor con talento es como un agujero del culo en el rostro”). El valor simbólico de la obra es innegable en la vida de una persona que renuncia a favor de su arte. Cada representación, en la que se rodea de los más insignes pensadores y artistas, es la aniquilación de la humanidad, tras la cual nada sobrevive al artista.

Quién, con palabras y objetos tan elevados, no cae envilecido, amargado, esos pueblos austriacos, el día de la morcilla, la mujer... enemigos todos.
--

* Tras leer la obra no puedo evitar cierto paralelismo, continuación mejor dicho, con el asunto de “El malogrado”, obra, también de Bernhard, en la que, en tono intimista y subjetivo, se nos presenta la amistad de tres virtuosos del piano y las que serán sus vidas tras conocer a Glenn Gould, genio y fin del anhelo artístico de ambos.

“lo mató la falta de soluciones en la que, durante casi cuarenta años, se metió tocando, pensé”

Tags: leo, teatro

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26 Enero 2007

Joseph Roth

La leyenda del santo bebedor”. Me he topado con referencias diversas en internet, sobre todo opiniones de distintos lectores, pero, encontrarlo, no, ni siquiera una triste sinopsis en Anagrama. Me pregunto si habrá quien pueda ayudarme, ¿no...? Continúo.

De momento y en su lugar he leído “Hotel Savoy”, escenario singular que a un tiempo establece el marco de relación entre los personajes y, a otro, sirve de referencia a los que van y vienen, o tal vez fuera más preciso decir, regresan ,–de dónde, del este, de los campos de prisioneros. Uno de ellos, Gabriel Dan, repatriado, será el que nos introduzca.

A medida que he avanzado en la lectura he encontrado una cierta despersonalización, un cierto desarraigo. Y me explico, Gabriel, Zwonimir, Slatia, Bloomfield, son personajes que me resultan absolutamente verosímiles, reconocibles. No me explico el porqué, pero al leer a Roth siento una cercanía, próxima a la nostalgia, que me deja embutido por los pasillos, por los humos del hotel, topándome a mí paso con cada uno de los personajes que lo pueblan. Sin embargo si sigo la lectura pierdo la singularidad. La identidad de cada uno de ellos se diluye en una corriente de repatriados, que podría ser la lluvia, esa gris e impersonal, que desdibuja los contornos.

La secuencia sólo se ve interrumpida por la figura de Bloomfield, el, para la mayoría, adinerado hombre de negocios afincado en “América”, para si, hijo unido a la tierra por la muerte de su padre, igual que sus hijos lo estarán a América, porque allí será donde le enterrarán una vez muerto.

Tags: leo

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15 Enero 2007

Cooper o las soledades elementales de Patrick Lapeyre

“Un día alguien tendrá que explicarle lo que los demás tienen y él no tiene. No será, sin embargo, por no haber procurado, durante años, hacer las cosas como los demás; pero, o bien le fallaron algunas nociones básicas al principio, o bien lo entendió todo al revés. En cualquier caso, el resultado está a la vista. Un día, cuando la soledad lo haya petrificado, será depositado sobre una peana, al fondo de un jardín, y las palomas podrán pasarlo ahí en grande.”
Cooper o las soledades elementales, Patrick Lapeyre

Leyendo las “soledades” de Lapeyre no he podido evitar recordar este pasaje de Miller, -por qué-, por lo que tiene de afín, por lo distante, de una y otra postura, tan íntimamente ligadas y alejadas a un tiempo:

“Biff:-… ¿Para qué diablos me he apoderado de esto? ¿Por qué estoy empeñado en ser lo que no quiero ser? ¿Qué hago en una oficina, convertido en un necio despreciable y mendicante, cuando todo lo que quiero es aire libre, que llegue el momento en que pueda decir que sé quién soy? ¿Por qué no puedo decir eso, William Loman?”
La muerte de un viajante, Arthur Miller

“Es la historia de un hombre que espera, [...] Cooper, su personaje, es una víctima de la modernidad, pero allí donde Houellebecq nos ofrece cinismo y sordidez, Lapeyre conjuga brillantemente humor y poesía”. Esta, de por sí, resultó ser una invitación irrenunciable, no necesité leer mucho más la sinopsis para empezarlo.

Sí, es verdad, es –cómo dice la cubierta-, “El incesto sin falsos pudores ni vanas provocaciones.” Le Figaro; “Amor-pasión imposible de un hombre por su hermana.” Le Monde; etc. Y, sin embargo, después de haberlo leído no coincido en esta opinión, no creo tanto en la figura de un hombre que espera, sino en un personaje que escapa a toda convención social, en buena parte por la dificultad a la hora de relacionarse y en otra por la falta de interés, pudiera decirse que se nos presenta la figura de un eremita.

En definitiva, es la historia de un hombre que se abandona, que renuncia, presa de la nulidad de voluntad.

Tags: leo, renuncia

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21 Diciembre 2006

Funambulista

Cualquiera de los libros de la Editorial Funambulista tiene la siguiente acotación en la solapa:

"Para llevar a cabo nuestro empeño editorial, nos hemos querido fijar en el funambulista haciendo nuestras las palabras de Roger Caillois, quien –comentando el Zaratustra de Nietzsche– dijo del funambulista que «sólo logra su objetivo confiando en el vértigo y no intentando resistirse a él». Quizá, en ese mismo sentido, el vértigo no sea el problema sino la solución a la condición humana."

He creído oportuno destacarlo.

Salud y vino

Tags: leo, vertigo

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12 Diciembre 2006

“En los oscuros lugares del saber” de Peter Kingsley

"Seas bienvenido, joven, compañero, de inmortales aurigas, que llegas a nuestra casa con las yeguas que te llevan. Porque no ha sido hado fausto el que te ha hecho recorrer este camino, tan alejado del transitado sendero de los hombres, sino el derecho y la justicia. Y es necesario que te enteres de todo, tanto del inalterado corazón de la persuasiva verdad como de las opiniones de los mortales, en las que no hay nada en que confiar. Pero aprenderás también esto: Cómo las creencias basadas en apariencias deben ser verosímiles mientras recorren todo lo que es."

Kingsley arroja nueva luz sobre el considerado padre de la filosofía occidental. En suma, el paso del tiempo y las interpretaciones posteriores han servido para que el que ha llegado hasta nosotros sea un conocimiento desvirtuado o incompleto, afirma Kingsley. Partiendo de un profundo conocimiento de las lenguas clásicas y una serie de descubrimientos que describe a lo largo del libro, llega a una concepción más amplia o extensa de la que a priori se le había atribuido a “Parmeneides”. Incide en una visión más amplia de la sabiduría, no exclusivamente entendida como conocimiento racional y lo vincula con la tradición pitagórica, con la búsqueda de conocimiento referida al interior de la persona, al vacío que sentimos y a las propias aptitudes naturales que nos empujan al exterior. Menciona al hilo:

"La vida, para nosotros, se ha convertido en un interminable afán de mejora: necesitamos siempre conseguir más, hacer más, aprender más, conocer más cosas. El proceso de aprendizaje y de enseñanza se ha convertido en un sencillo mecanismo de recepción de datos e información: de recepción de lo que ignorábamos, de algo siempre distinto a nosotros mismos. Por ese motivo, aprendamos lo que aprendamos, nunca nos afecta en lo más profundo, nunca llega a satisfacernos. Y cuanto más conscientes somos de ello, más nos apresuramos para intentar encontrar otros sustitutos y llenar el vacío que seguimos sintiendo en nuestro interior. Todo nos empuja fuera de nosotros mismos, lejos de la absoluta sencillez de nuestra propia humanidad."

Cosa distinta será saber si a lo ojos de esta nueva luz se corresponde o no con la realidad.

Tags: leo, pensamiento

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27 Noviembre 2006

El mar de John Banville

“Desde el principio quise ser otra persona. El mandato mosce te ipsum poseyó un regusto a ceniza en mi lengua desde la primera vez que un profesor me obligó a repetirlo después de él. Yo me conocía, demasiado bien, y no me gustaba lo que conocía. De nuevo, debo puntualizar. No es que lo que yo era me desagradara, me refiero al yo singular y esencial –aunque admito que incluso la idea de un ser esencial y singular es problemática-, sino ese amasijo de afectos, inclinaciones, ideas recibidas, tics de clase, que me nacimiento y mi educación me habían otorgado como remedo de personalidad. Remedo, sí. Yo nunca tuve personalidad, no tal como la suelen tener los demás, o como creen que la tienen. Siempre fui un nadie inconfundible cuya mayor ansia de ser un alguien vulgar. Sé lo que quiero decir. Anna. Lo comprendí enseguida, sería el medio para transmutarme. Era el espejo de parque de atracciones en el que todas mis deformidades se tornarían normalidad. «¿Por qué no eres tú mismo?»”, me decía en nuestros primeros días juntos –eres, fijaos, no te conoces-, compadeciéndose de mis torpes intentos de comprender el gran mundo. ¡Sé tú mismo! Con lo que quería decir, claro Sé alguien que te guste. Ése fue el pacto que hicimos, que nos aliviaríamos mutuamente la carga de ser quien todo el mundo nos decía que éramos. O al menos ella me alivió de esa carga, y yo, ¿qué hice por ella? Quizá no debería incluirla en esa pulsión de no querer saber, quizá era sólo yo el que deseaba la ignorancia.

De todos modos, la cuestión con que me he quedado es precisamente la cuestión de conocer. ¿Quiénes éramos, sino nosotros? Muy bien, dejemos a Anna fuera de esto. ¿Quién era yo, sino yo? Lo filósofos nos dicen que los demás nos definen y nos hacen ser lo que somos. Unas rosa, ¿es roja en la oscuridad? En un bosque de un lejano planeta donde no hay oídos que oigan, ¿Hace ruido un árbol al caer? Pregunto: ¿Quién iba a conocerme, sino Anna? ¿Quién iba a conocer a Anna, sino yo? Preguntas absurdas. Fuimos felices juntos, o no fuimos infelices, que es más de lo que la mayoría de la gente consigue; ¿es que eso no es suficiente? Hubo tensiones, hubo momentos difíciles, como no iba a haberlos en una unión como la nuestra, si es que existe alguna que se le parezca. Los gritos, los chillidos, los platos que volaban, algún sopapo, algún puñetazo, todo eso lo vivimos. Estuvo Serge y los de su calaña, por no hablar de mis Sergias, por no hablar de ellas. Pero incluso en mitad de nuestras riñas más feroces, sólo éramos violentos en broma, como Chloe y Myles en sus combates de lucha. Nuestras peleas acababan a carcajadas, amargas carcajadas, pero carcajadas de todos modos, frustrados e incluso un poco avergonzados, avergonzados no de nuestra ferocidad, sino por carecer de ella. Nos peleábamos para sentir, para sentirnos reales, siendo unas criaturas que se habían hecho a sí mismas. O al menos siéndolo yo.

¿Podíamos, podía yo, haber actuado de otro modo? ¿Podía haber vivido de otro modo? Infructuosos interrogantes. Naturalmente que podía, pero no lo hice, y ahí reside el absurdo de incluso preguntarlo. De todos modos, ¿dónde están los parangones de la autenticidad con que se puede comparar mi yo inventado? En esos últimos cuadros que Bonnard pintó en el cuarto de baño, en los que retrató a la septuagenaria Marthe, nos la muestra como la adolescente que él creía que era cuando la conoció. ¿Por qué me exijo a mí más veracidad en mi visión que a un gran y trágico artista? Hicimos lo que pudimos, Anna y yo. Nos perdonamos el uno a otro por todo lo que no éramos. ¿Qué más podía esperarse, en este valle de lágrimas y tormentos? No pongas esa cara de preocupación, dijo Anna, yo también te odié, un poco, éramos eres humanos, después de todo. No obstante, a pesar de todo eso, no puedo desembarazarme de la convicción de que me perdía algo, de que nos perdimos algo, sólo que no sé que pudo ser.”

Tags: leo

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-yo creo que te comprendo – dijo la maga, acariciándole el pelo -. vos buscás algo que no sabés lo que es. yo también y tampoco sé lo que es. pero son dos cosas diferentes. eso que hablaban la otra noche… sí, vos sos más bien un mondrian y yo un vieira da silva.

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