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La Coctelera

inmaterial

¡pobre loco! ¡no sabe alimentarse de cosas terrenas! la angustia que le devora le empuja hacia los espacios y conoce a medias su demencia

Categoría: absurdo

26 Septiembre 2007

El observador

Desde la calle es una de tantas ventanas, una de decenas, de cientos de una modesta fachada. Nadie diría que tras esos cristales, uno tras otro, un hombre observa los días pasar.

No sabría por donde empezar, siempre ha sido así. Observaba, escuchaba y no sabía cómo acercarme, qué contar o siquiera entenderles pero mi ingenuidad aún era más fuerte. Por el contrario lo que recibía eran reserva y desconfianza en forma de miradas, una acogida, digamos, fría. Mi aspecto físico, unos ojos por ávidos vacíos, unos movimientos maniatados y torpes; la corporeidad, no sé. Un aspecto francamente serio, frío incluso como reconocieron en alguna ocasión.

Desencuentros, muchos, que no me impedían frecuentar su compañía. Esos devaneos primeros una vez estudiada y dominaba la técnica me supusieron incluso un aliciente. Habíamos de llegar a un entendimiento, estaba seguro de que podría llegar a formar parte, siempre hay un espacio.

Así hasta que realmente no he sentido nada, en un principio me afligía, trastornaba incluso y, no, no es que haya dejado de importarme es sencillamente que no podía mantenerme siempre en ese estado de angustia, de vigilia.

En qué momento dejé de dirigirles la palabra no lo sé. Por momentos, entusiasta, me creía con un mayor conocimiento que aquellos que me rodeaban. Cuestionaba y defendía posiciones que no compartía o desechaba porque en ellas no había cabida para mí. Todo era fruto de una mayor sensibilidad, no afirmo, pregunto. Si no conseguía conectar era fundamentalmente porque estaba rodeado de mentecatos. Afortunadamente esta particular percepción había de caer, no sin procurarme gran satisfacción, demiurgo de mi jardín de las delicias era capaz de arrasarlo si así lo consideraba oportuno.

Esta soledad, renuncia, elegida ha sido mi elección, mi meta, para beneficio de estos pobres ingratos que deambulan, que no entienden, que no saben, que no ven, era yo quien había de sacrificarse para que cobraran una pizca de la vitalidad que experimentaba.

Hoy, no soy capaz de rebasar esa puerta que me separa del exterior y me limito a observar desde esta ventana. Digamos que he hecho de estas cuatro paredes un cuerpo íntimo, materno, en el que he de vivir. Aquí he de encontrar todo aquello que haya de necesitar, aliento, calidez, -esto fue lo más doloroso, hubo de pasar tiempo hasta que no necesitara de un abrazo, de una palabra amable-, distracción, conversación; a medías claro, nunca han de tener una réplica, tomé la costumbre de llenar el espacio con la voz de un interlocutor que no era otra sino la mía; fragmentos recitados, impresiones primeras, imágenes, movimientos, aullidos. Terminé por verbalizar cada impulso eléctrico que recorriera mi cerebro, haciendo caer la membrana que contenía neuronas e impulsos nerviosos para, proyección de mi cabeza, mis pensamientos, empapar las cuatro paredes en las que me veo confinado. Confundiendo así, rebasando, una frontera de hueso y de carne, de piel. Todo, porque nunca me he acostumbrado a ese rumor hogareño del propio cuerpo que se desplaza por el espacio, de los electrodomésticos que enfrían, la caldera, un hervor, un pitido, pasos que van… La voz, la mía es una forma de taparlo.

Hoy es fácil. No, llevadero. Me siento en la ventana y miro. Es el único medio de relación con el exterior, aséptico, anónimo, distante, que cobra un tono prácticamente cinematográfico, de gran pantalla, un plano secuencia. Estás fuera, aísla los sentidos, desde este lado la piel no percibe la temperatura, la humedad del aire, puedes ver las copas de los árboles alborotadas a merced de una ráfaga repentina, los rayos verticales que rompen las nubes caen sobre la tierra, que tan pronto brilla como se oscurece, ellos, nunca los mismos. Las sombras que se proyectan, que se confunden, forman volúmenes y compases, todo en una inmensa coreografía orquestada por el observador, único, dador de sentido, inamovible, pero estás fuera, siempre estás fuera, ajeno.

Observo y sé que nunca llegaré a ver a cada uno de ellos individualmente, al menos no como persona viva o que no haya dejado su impronta en folleto, libro o legajo alguno. De ese modo no tengo que preocuparme, no hay respuesta, es mi palabra contra la suya, es su palabra y mi voz. Por qué, creí que así entendería, creí que así aprendería, que bastaría un entrenamiento. Que aprehendería las motivaciones ocultas, de la vida que se dice. De ahí a no volver a salir no hay tanto. Es como tratar de pasar dos, tres veces por el mismo sitio, y, puedo decir, que ni siquiera así tiene uno garantía de dar con las palabras adecuadas.

En alguno de los últimos encuentros repetía conversaciones, expresiones o reflexiones que previamente hubiera leído o ensayado. Había quien se dejaba impresionar, los menos, pero ese destello nunca duraba lo suficiente como para que pudieran conocerme, menos aún yo a ellos. Por más que lo he intentado, por más que observo, no alcanzo a entender, seres diminutos que hacen acto de presencia en este mi pequeño escenario, ventanal, no son siquiera, son un ir y un venir, son movimiento; aprisa, distraída, maquinal… es una corriente. Qué contrasentido, me digo, concibo este mi entorno como un todo, como una colectividad que no entiende de identidades, es un todo impenetrable por informe, un todo que en el otro extremo me tiene a mí, observador, expectante; único, singular y que a un tiempo visto desde la calle no ha sino de formar parte. Soy parte de un todo que cobra sentido en la medida que yo, una porción, le doy coherencia.

La elección tomada en su día dejó de tener importancia en el momento en que confundo los motivos, puedo decir incluso, no sin cierto rubor, que los he olvidado, sin saber bien si es miedo, hábito o simple cerrazón la que me mantiene.

Hoy, ahora, me resta una sola pregunta, cómo va a terminar esto.

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28 Agosto 2007

Cansado

Estoy cansado, cansado de los manifiestos, de las despedidas, de los legados. Decepcionado por las ilusiones últimas, por las conclusiones al cabo de una vida, de lo que está bien, de lo que no lo está tanto, de lo que hubiera hecho si las cosas hubieran resultado de otro modo. Hay algo, y digo bien, hablo de algo por indeterminado, dentro de uno que le impulsa ha tomar unas y no otras decisiones, a pesar de resultar no equívocas, no, pero sí arbitrarias, ilusión de poder y libertad.

Frustrado, sí, por lo pobres que resultan, porque sólo cobran sentido en el mismo instante que son escritos, ni antes, ni después, y tan sólo porque uno está imbuido por la proximidad del vacío que, lleva a magnificar lo que no ha sido sino una sucesión de días, impresos en la memoria algunos, amasijo de neuronas, aliento esquivo, mecánica caprichosa que burla un ánimo trascendente de lo que debe ser, de lo intelectual, sí.

Estoy harto.

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5 Marzo 2007

Imprudente (Guillén de Castro, Weiss, Vila-Matas, Kapuscinski)

Hace falta ser muy imprudente, prácticamente un ignorante, para lanzarse a criticar u opinar sobre una obra de teatro, un libro o cualquiera otro de los eventos sobre los que vengo hablando. Es por eso que me acerco, ahora, con cierto temor al blog, recientemente he visto “El curioso impertinente” y poco puedo decir salvo que fue una gran representación, Natalia Menéndez y compañía llevan a escena un gran texto; mañana, sin ir más lejos, voy a ver "Marat-Sade" y, no me siento con el ánimo suficiente como para recomendarla, a pesar de que creo firmemente en la calidad de obra, teatro y compañía. Y así con, “La vida de los otros”; Mayol y sus correrías portuguesas (“El viaje vertical"), o “Viajes con Heródoto”, libro que, de verás, estoy disfrutando, en el que uno de los pasajes Kapuscinski, busca una continuación, una compañía cuando menos, entre su "Historia" y la suya propia y, así lo hace en diversos pasajes del libro. Yo, queriendo seguir esos mismos pasos, los encuentro pero en un extremo absurdo y pobre, lo que ya me dice mucho.
--

Acotación del siete de marzo del 2007
Sobre "Marat-Sade", después de verla, puedo decir que dudo, y mucho, tanto de aspectos cualitativos como cuantitativos de la propuesta de Animaliario, ver sino el artículo publicado con posterioridad en este mismo blog.

Sobre "El curioso impertinente", un clásico, me pregunto si se representa hoy tal como se hacía en su día, -por qué-, porque no puedo evitar cierto juicio crítico sobre la consistencia y calidad de algunos de los personajes así como de la trama. Entiendo la labor ejemplarizante, pero, para entendernos, alguna que otra obra me resulta infantil y, sino infantil, sí impostada o falseada, modulada, no es el caso de la obra de Guillén de Castro, que tiene, a mi modo de ver, momentos de una gran intensidad dramática. Por encima de lo cual afirmo deben mantenerse, representarse y estudiarse, como acervo cultural, como espejo de lo que somos. Máxime, y utilizando el pretexto de Kapuscinski, releyendo alguno de los fragmentos que ya hace Heródoto hará unos 2500 años.

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2 Noviembre 2006

Función Beckett. FO

Compañía de comedias de Manuel de Blas
Actores: Manuel de Blas, Jeannine Mestre, Morgan Blasco, Carlos Velasco
Textos: La última cinta de Krapp, Qué palabra, Fragmento de teatro II, Nana
***

Continúa... Dice ella.
Irrumpe entonces la nana en el espacio. La voz que mece, la que va y viene.
La de la ventana, que da a otra ventana, a un centenar, a un millar.

Continúa... Pesado.
Irrumpe de nuevo... leve, pendular. Cadencia involuntaria.

Continúa... Vacío
Desconocido al borde del vacío.
Dos oficinistas dirimen, vaga y futilmente, sobre los asuntos del desconocido. En pupitres enfrentados, con motivos escolares y papeles garabateados. Si tiene, o no, motivo, dirimen... si ha olvidado. No recuerda, no. Pero está allí, en los papeles, en el dossier, toda la verdad de mi cliente está en el dossier, le espeta el uno al otro. Pero y si...

Continúa... Qué locura
Qué lo cura

Qué locura...
La memoria, la cinta, la memoria... Locura. La cinta grabada... cuándo... hace 30 años se dice él, qué estúpido entonces sentencia. Graba, silencio, graba nuevamente, silencio. 30 años, pero hace 30 años se inclinaba sobre su cara con dos ojos que eran dos líneas... sobre su cara con dos ojos que eran dos líneas... sobre su cara con dos ojos que eran dos líneas...

Déjame que te la meta...

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20 Octubre 2006

Otro título absurdo... Retablo de la identidad, la niñez y la sangre

Cuenta Ray Bradbury, “Crónicas marcianas”, la desazón de “el marciano” allá por el año 2005, septiembre. Conmovedora y terrible la suerte de ¿Tom?, el marciano, uno de los últimos, que busca un lugar apartado en el que poder ser.

El marciano es (recibe la identidad de) el anhelo de los humanos que le rodean. Es Tom, así lo quieren La Farge y Anna, que reconocen en el marciano a su hijo muerto en la tierra. Es Lavinia, es Dexter, Roger, William... ¡Sucumbe! Sucumbe a los deseos de aquellos que le rodean, que no reparan en quien tienen delante... y yo me digo, ¿pero es qué acaso no es verdad? ¿No somos los muchos personajes que nuestras personas cercanas quieren reconocer? ¿Acaso no hay cierta verdad en la suerte de “el marciano” en cada uno de nosotros?

Hubiera quedado ahí la imagen, “el marciano” muerto a merced de los deseos de los colonos, de no ser por los gestos de uno de los miembros de la orquesta de la Filarmónica de Berlín... ¡un Niño! Quise ver en alguno de sus gestos, abrazado como estaba al contrabajo, una mueca infantil, un contoneo torpe e ingenuo, más propio de un niño que de un adulto. De inmediato me asalta una idea, encierra dentro de sí a un niño, no ha dejado, de serlo, es por eso que está en el escenario... Debo mantener ese mismo espíritu... ¡Ridículo! Esta idea autocomplaciente y cándida no podía contentarme por mucho tiempo... ¡Qué estupidez! Si crees que ese músico ha de ser un niño para estar dónde está, es que eres un necio, - me digo-. Si crees que una persona mayor se deja llevar por el hecho de cumplir años, es que eres un necio. Si crees que sirviéndote de atributos o calificativos convencionales vas a eludir lo que eres y quieres, es que eres un necio. ¡Cuanta necedad! Desde que somos hasta que dejamos de ser, encerramos lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos. Continua, - me digo-, Hazlo.... Sigue, continua... Habría de continuar, lo sé...

Es la sangre que me lo dice, la pujanza de la sangre... es, en mi caso, una fuerza centrípeta, que me concentra en mi mismo ombligo, me atrae, y, lo sé, es que quiero estar, no quiero que nada cambie, lo que conozco, lo que domino. Esa, sangre, tras la que corría no hace mucho. Esa que corría por las calles. Esa...

Tags: identidad, ser

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2 Junio 2006

¡Abandono?

No he abandonado, pero sé la respuesta y no la hay, al final de la búsqueda no hay nada. Saberlo me relaja. Es por eso que me conforta no tomar tierra, mantenerme etéreo, indefinido, contradictorio.

Has pensado, seguro lo has hecho, en esa embarazosa cuestión de lo inmaterial y lo corpóreo*. El alma, objeto de estudio a lo largo del tiempo**, ha tenido un sin fin de definiciones, de objetos, ¡de ubicaciones!. Hay un libro escrito en el sigo XVII, librito más bien, “Oculta filosofía” de Juan Eusebio Nieremberg, en el que se recoge la capacidad terapéutica de la música, así como su valor como medicina del alma, atractivo como es el tema lo es por una doble vertiente que se me antojó una vez leído. Llama poderosamente la atención como hacerse, aprehender, el conocimiento, -la escala humana-, y me explico; El texto me dio que pensar sobre los mecanismos o manera en que los hombres a lo largo del tiempo habían encontrado la manera de dar explicación a cada fenómeno en derredor, y donde no llegaba el conocimiento lo hacía la religión, -a dónde quiero llegar-. Acertado o no ese libro refleja una escala o medida humana del conocimiento, no es tanto un conocimiento tecnificado que llevara una vida conocer, que, aun por científico no te da un conocimiento más cierto de la verdad.

Jugando con estos conceptos y con una visión un tanto mitológica pensaba en la posibilidad de que el alma en algunos casos y sólo en algunas personas se encuentra fuera del cuerpo, es por eso que uno se ve en la necesidad de echarse al camino.

Es más desengaño, más descrédito, más decepción las que rezuman mis palabras que vértigo, que lo hay, por lo proximidad del vacío, por la limpieza que supone despojar de aderezos brutales la existencia.

Un abrazo, salud y vino
nacho

*embarazosa por incómoda, por forzada, por irreal
**http://www.filosofia.org/enc/ros/alma.htm

Tags: mitico, leo, escribo

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4 Enero 2006

Pauta... estructura

Parto de un elemento, único, en un blanco finito. Lo asocio a un segundo y tercer elemento, mantengo fijas las proporciones y constantes las relaciones. Replico la estructura de tres elementos y la relaciono a su vez con la originaria. Repito la misma operación de forma sucesiva, lo repito hasta que… ¿Las formas que dibujan son caprichosas? ¿no hay orden alguno en las formas que se parecen entrever? Pero, tan sólo tomamos como referencia elementos determinados ¿significa que podemos rescatar una ley que pudiera, no ya, definir el estado de una relación de elementos, sino predecir o proyectar el desarrollo futuro?

Hemos introducido un nuevo elemento, el tiempo ¿podemos considerar un objeto, entendido en sentido amplio, fuera del tiempo o está tan indisolublemente unido al concepto de ser? Nada puede sustraerse del tiempo, el transcurso, el devenir. Trato de aplicar conceptos no tanto contrapuestos como el ser y nada sino como el ser y el no ser que no vendría a ser lo mismo que nada.

De existir, o no, esa pauta, no dejamos de ser uno de esos puntos, e incluso las relaciones establecidas entre los distintos puntos no configuran una forma estable. Indefectiblemente me vienen a la cabeza dos escenarios dramáticos, el universo y la humanidad.
Es accidental, arbitraria o por el contrario lógica, sistemática y por tanto comprensible

Poniéndome un poco trascendental “la paradoja del observador”, por qué, cabría concebir un observador ajeno al sistema. No puedo hablar de sistema con rigor en este momento, si lo hago es en sentido amplio.

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28 Septiembre 2005

¡elementos pasivos?

¿se podía considerar a bruno como un individuo?
… su visión hedonista de la vida, los campos de fuerzas que estructuraban su conciencia y sus deseos pertenecían al conjunto de su generación. al igual que la instalación de una preparación experimental y la elección de uno o más factores observables permiten asignar a un sistema atómico un comportamiento determinado – ya sea corpuscular ya se ondulatorio-, bruno podía aparecer como individuo, pero desde otro punto de vista sólo era el elemento pasivo del desarrollo de un movimiento histórico. sus motivaciones, sus valores, sus deseos: nada de eso lo distinguía, por poco que fuese de sus contemporáneos.

michael houellebecq. las partículas elementales

Tags: leo

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-yo creo que te comprendo – dijo la maga, acariciándole el pelo -. vos buscás algo que no sabés lo que es. yo también y tampoco sé lo que es. pero son dos cosas diferentes. eso que hablaban la otra noche… sí, vos sos más bien un mondrian y yo un vieira da silva.

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